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“Los cambios en el entorno se aceleran y los valores y paradigmas que ayer fueron válidos, hoy ya no lo son”- Con esta frase terminó la exposición del Ingeniero Jorge Jaramillo, Director de gestión tecnológica de la Universidad de Antioquia, en el pasado Foro Universidad – Empresa – Estado, realizado el 30 de agosto, en la Cámara de Comercio y Unillanos. La experiencia de los antioqueños recalca en algunos aspectos.
Definitivamente, el proceso de integración entre la universidad y el sector productivo no es posible si no se asume un cambio de actitud, al reconocer la necesidad de trabajar unificadamente. Pero ante todo, el foro mostró algo sin precedentes. La capacidad de una sociedad para seguir responsablemente una orientación estratégica de largo plazo, materializada en un proceso de planeación serio y participativo. Parte de esto es la convicción colectiva para saber elegir gobernantes con capacidad y compromiso frente al futuro del departamento y el país. Sin buenos gobiernos es prácticamente imposible poder materializar una alianza efectiva para la competitividad territorial. La experiencia antioqueña así lo demuestra.
El proceso de integración comenzó como una iniciativa de las universidades en cabeza de la Universidad de Antioquia. Los empresarios fueron sumándose al proceso y finalmente la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, quienes habían trazado el norte estratégico, convirtieron el discurso en hechos contundentes. Reconocer a la universidad como socio estratégico es primordial para avanzar en la concreción de las metas propuestas. Los estudios que soportan los planes fueron apoyados y acompañados por universidades. El conocimiento pertinente fue el factor que permitió dar resultados en el corto plazo. Los hechos hablan por sí solos. Una nueva concepción de emprenderismo social genera equidad con formulas criollas ajustadas a las características sociales y económicas del territorio
Otro aspecto interesante es el aporte que puede hacer la economía informal al desarrollo local. Miles de incipientes empresarios pueden dar un salto cualitativo con programas de formación empresarial desde los mismos barrios y comunas. Las comunas de Medellín fueron asignadas a diferentes universidades y con el apoyo de la Alcaldía se lograron canalizar 11.745 microcréditos por 26.370 millones y mejorar la calidad de vida de 9.566 familias en un período de 3 años. No de otra manera podría ser posible la pacificación del sector nororiental de la ciudad. Otro frente que se está programando, se encargará de la generar oportunidades para los jóvenes bachilleres y profesionales, lo cual se piensa realizar con empresas padrino y universidades, que conformarán unidades de emprendimiento que prepararán 250 jóvenes cada una, para completar una meta de 5.000 jóvenes. Guardadas las proporciones, la experiencia antioqueña puede ser útil como ejemplo de trabajo imaginativo y mancomunado.
Ojala los planes de desarrollo de nuestros gobernantes cambien el discurso trajinado y generen propuestas creativas para solucionar nuestros problemas. Los funcionarios son responsables por sus actos y deben ser evaluados según metas medibles y cuantificables.
Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.
De la cuenca del río Orinoco, el río Guaviare con 140.000 km2 es el afluente que tiene la mayor extensión de los 328.000 km2 totales que posee la gran cuenca colombiana. Es un río de aguas amarillas, con alto contenido de nutrientes extractados de la tierra andina; su gran cauce y vitalidad permiten una amplia diversidad de peces llevando cual fluido sanguíneo fertilidad a los suelos a lo largo de su trayecto hasta desembocar en el majestuoso Orinoco.
Los ríos son vida y el eje sobre el cual se mueve todo en estas regiones apartadas de Colombia. A través del río Guaviare es posible llegar de Puerto Lleras, Meta a Inírida, Guainía y conectar toda la zona oriental de Colombia. En las décadas de los 50 y 60, los lancheros hacían el recorrido aproximadamente en 15 días, llevando principalmente víveres, combustibles y recogiendo los pocos productos que los colonos producían. Se conformaron caseríos como Caño Jabón, Mapiripana, Arrecifal, Barrancominas y Cejal, los cuales se consolidaron después como focos poblacionales como resultado de las bonanzas extractivas, la marimba y la coca. En esta gesta colonizadora participaron hombres y mujeres de empuje, que buscaban un mejor futuro, alejarse de la violencia partidista o en algunos casos huir de responsabilidades legales. Las opciones eran pocas y generalmente la idea era sobrevivir a partir de los recursos de la naturaleza, comer carne de monte, sembrar para comer y comercializar algunos excedentes agrícolas para poder adquirir panela, sal, aceite, ropa, toldillos, zapatos, pilas y otros artículos que la selva no producía. Las bonanzas momentáneas permitían un desfogue para el despilfarro y la diversión de todo tipo, ocasión que sabían aprovechar muy bien los mercaderes, las cantinas y las prostitutas. Junto a esta dinámica social y económica crecían los niños, se creaban algunas escuelas y aparecían centros de salud.
En un recorrido realizado hace unos 10 años trabajando en un proyecto para la Unión Europea y la Gobernación del Guainía, pude apreciar la difícil vida del colono e indígena. De alguna manera la población se adapta a lo que venga para lograr sobrevivir. Hace unos 3 años, pude volver a Barrancominas, esta vez en un trabajo con organizaciones indígenas y observé con asombro cómo los hoteles y establecimientos comerciales estaban vacíos. Aquella época de aparente prosperidad ya no existía; algunos de los residentes abandonaron el pueblo y ahora vivían en Villavicencio o Bogotá. Se sentía la dependencia de la economía de la coca. Ahora con la ejecución del Plan Patriota y el establecimiento de bases militares el gobierno ha logrado desplazar el problema; sin embargo, me llamó mucho la atención que en medio de todo esto, aun existían personas que se aferraban a su tierra, amaban su región y habían adquirido un especial sentido de patriotismo. Estas personas desean ahora del Estado una mano amiga y miran con esperanza la posibilidad de que algún día estos apartados lugares prosperen económicamente y logren desarrollarse de manera armónica con el medio ambiente. Los indígenas y colonos ubicados a lo largo del río tienen problemas, pues en medio del conflicto, es difícil movilizarse para pescar, cazar, adquirir víveres. Es necesario desarrollar un gran plan social que atienda la problemática de estas zonas marginadas que han logrado mantenerse por largo tiempo a pesar del abandono estatal
