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Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

Este vocablo muy utilizado en la actualidad, se constituye en piedra angular del paradigma económico del libre mercado, encontrándose ahora en todas las áreas disciplinares. Muchas veces se asume como credo religioso, sin aplicar siquiera el principio de la duda. Para que la condición de competitividad sea un activo de libre acceso, en un ambiente global, en donde todos los “competidores” tengan las mismas oportunidades, se requiere de unas reglas justas y diferenciales, de acuerdo con el nivel de desarrollo y las condiciones particulares de cada competidor; pues aunque en la globalización se asume que las condiciones nacionales tienden a homogenizarse, es completamente cierto que los contextos y espacios subnacionales son drásticamente diferentes. En este caso, los mercados de competencia perfecta solo existen en la teoría.

La solución a este dilema para los pequeños competidores, los considerados débiles y atrasados, es tratar de unirse, acceder a los servicios y bienes de manera eficiente y eficaz, identificando muy bien el producto y el mercado. Es conveniente hablar de competitividad aplicada al mundo empresarial, porque es donde realmente se manifiestan de manera directa los beneficios o pérdidas de la actividad económica. La empresa es la unidad en donde se debe centrar toda la atención, para que progresivamente logre ocupar y liderar los espacios dinámicos del mercado en proporciones cada vez mayores. Si esta no es la punta de lanza en materia de políticas públicas, la competitividad termina siendo un término mal utilizado. Esto se demuestra en el caso de la Agenda Interna y el Plan de Productividad y Competitividad, ejercicios que terminan constituyéndose en un fin para los gobiernos y no en medio para lograr los propósitos claves. La tarea concluyente no es elaborar una agenda o un plan, la tarea real es lograr resultados concretos que se manifiesten en crecimiento real de la economía, disminución del desempleo, menor subempleo e informalidad, lo que debe traducirse en mayor bienestar en términos de ingresos y equidad.

La competitividad empresarial puede lograrse con la interacción armónica de diferentes factores, agrupados en escenarios locales, regionales, nacionales e internacionales, adoptando una visión sistémica y territorial. Si a las empresas les va bien, le va bien al municipio, le va bien al departamento y así el aporte a la economía puede llegar a ser significativo. Un gran cúmulo de estos factores, entre los cuales se encuentra la educación, la ciencia y tecnología, las regulaciones legales, las instituciones, el sistema de financiación, la infraestructura, la cultura y el manejo de la información, se pueden promover desde lo territorial. Por esta razón, no es desacertado hablar de competitividad territorial, pero hay que tener en cuenta, que el centro de todo el proceso es la empresa y no las entidades o aisladamente el territorio, y es allí en donde puede perderse el foco de atención. Por ejemplo, el trabajo con los panificadores, que promovió la Cámara de Comercio de Villavicencio, logró un avance interesante en materia de competitividad, tan efectivo y diciente, que las cifras en materia de mejoramiento de la calidad y aumento del consumo pueden sentirse.

Autor: Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y planificación del desarrollo urbano-regional. Candidato Magister en Desarollo Local. Asesor. Consultor. Catedrático Universidad de los Llanos.

Luego de la apertura del primero de los tres grandes centros comerciales que programaron su entrada en la economía de la ciudad a partir de este año, vienen con más fuerza las expectativas de los diversos sectores respecto a la dinámica generada. Los centros comerciales son actualmente el foco de la inversión privada en ciudades intermedias como Neiva, Ibagué y Bucaramanga. Villavicencio se considera un emporio del comercio, además, su importancia regional y el movimiento importante de los negocios de finca raíz, en una economía con un excelente nivel de demanda, llama la atención de los empresarios de la construcción y de los grandes almacenes de cadena. Vale la pena analizar los efectos que se sentirán en la medida que los centros se entrelacen con nuestra cotidianidad.

Los centros comerciales traerán nuevas fuentes de trabajo e ingresos, oferta diversa para los consumidores, pero también, nuevos retos para la ciudad y una dura competencia para los pequeños comerciantes. Se espera que el empleo generado logré suplir las necesidades de ingresos de población, en especial los trabajadores jóvenes y se convierta por lo menos en un factor de bienestar personal y familiar. Los pequeños comerciantes y los grandes almacenes entran en una franca lucha por lograr seducir el mayor número de compradores. Esta lucha permitirá mejores precios, la modernización y el logro de una mayor competitividad del sector comercio, el cual, según las cifras preliminares del censo 2005, tiene la mayor participación en la estructura económica de la ciudad con el 50.3% de los establecimientos del municipio; luego vienen el sector servicios, el cual representa el 35,7%, la industria, que solo representa el 8.6% y otras actividades el 5.4%.

Para que exista cierta equidad, es conveniente rescatar la iniciativa del centro comercial de los cielos abiertos y propiciar la asociatividad de los pequeños comerciantes, en un nuevo modelo urbano del centro de la ciudad, con la exigencia de suficientes y adecuados parqueaderos, zonas de carga y descarga, preservación del patrimonio histórico y la realización de obras de embellecimiento para atraer el público. La pugna consistirá en el uso de diferentes estrategias, como la compra a través de clubes, créditos accesibles e incentivos a los compradores, pues la tradición de los planes crediticios de las tiendas de barrio y los precios del comercio informal continuarán siendo una competencia fuerte.

La ciudad debe madurar en los aspectos culturales y urbanos, volviendo a la ciudad amable de otros tiempos y no a lo que muestran las congestionadas y destruidas calles, con flujos viales mal diseñados, sin vías alternas y espacios muertos de cemento sin interacción humana armónica. La ciudad irá evolucionando y ahora más que nunca se requiere una administración eficaz que promueva una visión futura por lo menos a 20 años, que anticipe los cambios, construya el futuro y no se preocupe simplemente de improvisaciones para atender problemas urbanos urgentes o centrarse en los intereses de unos pocos.

Tal como ha ocurrido en otras ciudades, los nuevos espacios urbanos provocan un efecto cultural interesante, el cual se hará más notable cuando la gente se vaya apropiando de los nuevos lugares. Las vivencias de la ciudad podrán sustentar una cultura ciudadana basada en una nueva noción del espacio público.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

Afirmar que la globalización económica y los tratados internacionales tienen profundos efectos regionales es algo que no está en discusión. Existen estudios serios y comentarios de expertos Latinoaméricanos que confirman esta tendencia y advierten sobre los efectos recesivos en regiones vulnerables. Invito a los lectores que revisen los resultados sociales en espacios subnacionales y poco dinámicos, en países como Chile, México o Centroamérica, después de firmar tratados de comercio con grandes economías como la de EEUU. Los efectos territoriales y la agudización de las disparidades regionales en estos países, luego de procesos de liberalización de sus economías son reales y están completamente documentados. Textos que sin duda deberían conocer los responsables de los procesos de planificación territorial y promoción empresarial de la región, para tomar en cuenta, plantear y demandar políticas del nivel nacional acordes con nuestras particularidades, una vez entre en vigencia el TLC Colombia-EEUU.

Para nombrar algunos ejemplos, cito los textos de Iván Silva Lira, Director del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES) en “Disparidades, competitividad territorial y desarrollo local y regional en América Latina”, al profesor Emilio Padrilla Cobos de la Universidad Autónoma Metropolitana de México en “Neoliberalismo, globalización, regiones y ciudades en crisis” y en el caso de Colombia al ex ministro Juan Camilo Restrepo, en un artículo para Portafolio publicado el 22.11.04. titulado TLC y regiones.
La globalización rescata y hace pertinente el espacio local y regional, constituyéndose en un reto territorial para profundizar en ventajas dinámicas como la capacidad de innovación e investigación y no enfatizar en ventajas estáticas basadas en el potencial bruto de los recursos naturales. En coherencia con lo expresado en esta columna, el asunto no es desmeritar las bondades del proceso de internacionalización de la economía, pero sin duda debe hacerse un llamado de atención sobre los efectos diferenciales que provoca en el territorio nacional. Según la experiencia de estos países, los Tratados de Libre Comercio tienden a beneficiar más a los centros urbanos, manufactureros o agroindustriales, en donde ya está concentrada de antemano el grueso de la actividad económica, existe tradición empresarial y vocación exportadora. Los efectos nocivos se relacionan con un aumento de la desigualdad social, modificación regresiva del mercado del trabajo, por un aumento de la informalidad, mayor subempleo y disminución de los ingresos de los trabajadores, en un entorno caracterizado por una mayor participación del sector comercio y servicios, en detrimento de los sectores agropecuario e industrial. Si estos efectos ya los estamos viviendo ahora, ¿qué podemos esperar en un futuro cercano?. Los estudios predicen efectos catastróficos si no se regionaliza la política pública. Regiones como Tacna y Loreto en Perú; Sao Paulo, Santa Catarina y Amazonas en Brasil; Sur de Chile incluida Magallanes; Santa Cruz y Cochabamba en Bolivia y según el ILPES; Nuevos Departamentos, Meta, Santander, Choco y occidente de Antioquia entrarían a ser parte de las regiones perdedoras del mundo.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

El actual modelo de crecimiento con énfasis en las exportaciones expone las condiciones por las cuales las zonas rurales pueden articularse al mercado mundial. Plantea la necesidad de “empresarizar” el campo, hacer mucho más eficiente la producción con una disminución de los costos a través de un manejo gerencial, excelente información para la toma de decisiones y aplicación de nuevas tecnologías. Sin embargo, las políticas dirigidas a fomentar la incorporación de zonas de frontera agrícola y económica pueden tener algunos tropiezos en contextos complejos como nuestra región. En cuanto al sector agrícola, la política gubernamental se dirige a promover altas inversiones en cultivos de carácter comercial, especialmente perennes como el caucho, palma o algunos frutales que han mostrado a juicio de los expertos, ciertas ventajas para Colombia. Igualmente, es determinante incorporar grandes áreas para lograr un volumen de producción significativo para responder la demanda mundial. El asunto en el cual he insistido en esta columna, es estudiar seriamente la viabilidad del modelo en nuestra región. La región es un territorio mediterráneo y para llegar a los puertos es necesario atravesar dos o tres cordilleras, o habilitar el río Meta para llegar al Atlántico. Los datos sobre los cuales se calculan los costos y beneficios son improvisados y se basan en cifras globales sin especificar posibles diferencias regionales. La inversión en infraestructura para disminuir los costos de transporte en regiones apartadas como la nuestra no está garantizada y su ejecución depende de esquemas poco convenientes y costosos como las concesiones. Convertir nuestra región en una región exportadora no es imposible pero debe obedecer a una política diferenciada del nivel nacional y a la confluencia proactiva de todos los actores regionales. Nuestra región no tiene tradición exportadora, la capacidad empresarial y gerencial en el campo es limitada, las cadenas productivas deben lidiar con el conflicto armado y los cultivos ilícitos, que cambian las condiciones del mercado en extremo. Además la búsqueda de altos volúmenes de producción favorece la concentración de tierra y el beneficio de los grandes capitales, olvidando a los pequeños productores que conocen poco del modelo y tienen enormes dificultades para hacer una reconversión por iniciativa propia. El modelo termina beneficiando a los grandes empresarios, agudizando mucho más la desigualdad en el campo. Los campesinos tendrían únicamente la oportunidad de participar con mano de obra barata en los grandes cultivos comerciales, vender sus fincas y desplazarse a las zonas urbanas. Existe la posibilidad de otro escenario, pero depende de la capacidad de la región para proponer un nuevo marco de política y unas acciones coordinadas que busquen generar mayor productividad y competitividad, pero sin olvidar el problema de la tenencia de la tierra, el conflicto rural y viabilizando alternativas productivas para los pequeños productores. Competir en un mercado global requiere aprovechar sosteniblemente nuestras ventajas en biodiversidad y recurso naturales, hacer realidad la agenda de ciencia y tecnología y orientar la acción de las entidades hacia los pequeños productores, promoviendo la asociatividad, tecnologías simples y el financiamiento barato. Se deben hacer estudios serios con datos de la región, que ayuden a disminuir la incertidumbre para tomar las decisiones acertadas dirigidas a ser realmente competitivos y determinar el mercado objetivo.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Desarrollar la agricultura comercial y la agroindustria con miras a exportación requiere de ciertas condiciones especiales. De una parte se requiere un contexto interno y externo que promueva la actividad productiva y de otra parte enfatizar en la capacidad del productor. Este involucra la geografía, la infraestructura, comunicaciones, tecnología, disponibilidad de capital, las instituciones, las políticas públicas y las normas. Igualmente, la capacidad del productor depende de su nivel educativo, espíritu empresarial y posibilidad para aprender e innovar. En la región tenemos cordilleras y otras restricciones geográficas que se constituyen en barreras naturales para los mercados externos e internos. Si nuestro objetivo es el mercado mundial, tenemos que competir frente a las regiones costeras de Colombia y con los demás países que tengan acceso a nuestro comprador final. El modelo de desarrollo adoptado nos ciñe a cumplir con estas decisiones y buscar opciones menos costosas. Es así como nos llevan a plantear la doble calzada Bogotá – Villavicencio, el aeropuerto alterno, la navegabilidad del río Meta y la vía Uribe-Colombia, con el fin de mejorar el acceso a los mercados. Igualmente nos obliga a pensar en incorporar nuevas áreas mediante los distritos de riego. También es cierto que sin agroindustria transferimos al exterior la mayor parte de la generación del ingreso y del empleo del sector agrícola. Por lo tanto, la clave estaría en la producción y exportación de productos con valor agregado, lo que depende básicamente de tres factores: 1) de la adquisición y posterior desarrollo de una base científico-tecnológica; 2) del factor “aprendizaje” de nuestra sociedad, esto es, una mezcla simultánea de educación con experiencia en un determinado nivel tecnológico, que posibilite la asimilación y posterior desarrollo del conocimiento nuevo (por ej. biotecnología, bioingeniería, etc.) y 3) de los estímulos institucionales, que van desde el acceso al crédito, infraestructura y educación, hasta la formulación de una política consensual para la explotación y utilización racional de los recursos naturales del país.

La pregunta es: ¿Estamos preparados tecnológicamente, tenemos los estudios completos y la inversión requerida para afrontar con éxito este proceso de internacionalización promovido desde el nivel nacional? O simplemente ¿Tenemos que buscar un mayor énfasis en el mercado interno, favorecer iniciativas productivas de mediana escala con algunas apuestas dentro del modelo competitivo?.

Se requiere adoptar una visión diferente que privilegie el desarrollo y no simplemente el crecimiento económico, que haga énfasis en la utilización de tecnología simple y apropiada, el rescate con identidad del conocimiento tradicional, la economía campesina y aprovechamiento sosteniblemente los recursos de biodiversidad; que contemple una visión de largo plazo con la articulación armónica del sistema educativo y las instituciones, para prepararnos con fortaleza en lo endógeno; que priorice las inversiones en la medida de las posibilidades, con un criterio acertado e incorrupto tendiente a desarrollar alternativas productivas con garantía de éxito, gracias a la bioprospección y desarrollo tecnológico

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

El papel de las universidades públicas tiende a ser subvalorado. Reducir su papel a un fortín bucrocrático o ver su utilidad solo en función del sector productivo, es un sendo error. El impacto social que genera permitir que estudiantes de bajos estratos alcancen el nivel de ingreso de un profesional, es muy importante para atacar la pobreza y la desigualdad. Del total de 3.256 estudiantes de pregrado de Unillanos, 1.721 son mujeres y 1.535 son hombres. De este total, 301 son de estrato I, 2.007 son de estrato II y 1.484 son de estrato III. Históricamente, la Unillanos aporta profesionales que han extendido su campo de acción a todos los municipios de la Orinoquia y en los más recónditos lugares del llano y la selva. Su papel, junto el de la ESAP y la UNAD en departamentos marginados del país, es significativo; no obstante sus fallas, han mejorado los sistemas de salud, la educación, la producción agropecuaria y contribuye a construir nación en zonas de frontera. Aun con todos sus problemas, la universidad es un ente para apoyar no para atacar. En la última década, las responsabilidades de la universidad pública han aumentado, pero sus presupuestos han disminuido. Aun con las tasas de cobertura tan bajas en educación superior y la alta demanda del sector productivo, el aporte de los entes gubernamentales regionales es insignificante. De la totalidad de los recursos que cuenta la Universidad de los Llanos solo un 2.7% se puede dirigir a inversión, pues lo principal es garantizar su funcionamiento. La mayoría de profesores están mal remunerados, aun así tienen que investigar y hacer proyectos para gestionar recursos. El discurso del ciudadano común y del burócrata territorial tiende a estar un poco desviado. La universidad se muestra como un ente alejado y se le acusa de no interactuar frente a los problemas locales. En parte hay que reconocer que existen algunos limitantes para que las universidades se adapten a los retos que surgen del modelo de desarrollo competitivo, pero esa interacción debe ser de doble vía. El sector gubernamental debe apoyar los procesos de investigación y proyección social. No es claro el discurso cuando se llama a que la universidad se articule a los procesos de desarrollo regional, pero no se financian sus iniciativas o se desconocen sus logros. Un logro a tener en cuenta es el auge de la piscicultura en la región, proyecto demostrable de Unillanos en conjunto con el gobierno nacional, pues el comienzo resultó de un convenio DRI-Unillanos hace más 20 años. Desde este momento la investigación en piscicultura, no ha cesado y la universidad ofrece una Maestría en Piscicultura y es reconocida mundialmente como una autoridad en piscicultura de aguas continentales. Pero existen muchas tareas por desarrollar. La investigación en biocombustibles, el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad regional, la generación de alternativas productivas o la reconversión de las actividades agropecuarias actuales, requiere de inversión adicional. Es hora de asumir posiciones consecuentes y consolidar un nuevo modelo de desarrollo que trascienda ejercicios coyunturales como la Agenda Interna y se ocupe de construir socialmente la región del siglo XXI

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

La humanidad se ha preguntado por la incesante manifestación de tendencias y contratendencias. Desde los planteamientos del materialismo dialéctico en la teoría marxista, las explicaciones de Gramsci en la economía política; los recientes aportes de Castell a las ciencias sociales, o las posiciones muy acertadas de Soros, J. Stiglitz, Krugman, Rodrik y Sachs sobre la crisis del capitalismo y la necesidad buscar alternativas para reorientar o pensar nuevamente el modelo de desarrollo de las naciones, siempre lo alternativo aparece frente a lo preceptuado. Un gran obstáculo a esta posibilidad, son las posiciones dogmáticas que encasillan y catalogan a los seres humanos. Bien lo dice Krugman “yo creo que los únicos obstáculos estructurales a la prosperidad del mundo, son las doctrinas obsoletas que abarrotan las mentes de los hombres”. Otro ejemplo de superación de este dogmatismo, es el caso de J. Stiglitz, que hasta el año 2000 era neoliberal y ahora es un reconocido neokeynesiano, o el caso de China que rompe el esquema socialista a ultranza y adopta una posición pragmática respecto al capitalismo.

Afloran los fundamentalismos y las luchas por la identidad de los pueblos, en un mundo que promueve la uniformidad y la homogenización cultural. En parte la configuración política de la actual de América Latina, es el resultado de una contratendencia frente a las medidas planteadas por el neoliberalismo desde el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La globalización muestra ahora la aparición del neoproteccionismo de los países que antes promovían la apertura sin límites. Francia limita libertades, EEUU prohíbe la concesión de sus puertos y Europa promueve los subsidios a sus productores. Un premio Nobel de economía promueve la legalización del consumo de la droga como estrategia para combatir el narcotráfico y el Banco Mundial dice que la pobreza es un limitante al crecimiento económico y no algo que se pueda superar con el mismo. Mientras tanto Colombia mejora en competitividad, mantiene su recuperación macroeconómica después de la crisis de 1998, aumenta sus exportaciones, recupera seguridad, pero simultáneamente aumenta el subempleo, crece la pobreza y la desigualdad. En una reunión de expertos, el DNP decide realizar la Agenda Interna Nacional. 28 departamentos del país priorizan el turismo en sus ejercicios, se realiza un filtro a la Agenda Interna y se prioriza bajo el lente centralista. Los técnicos dicen que no hay plata y que el sector privado debe financiar el 40% del valor de los proyectos. Las regiones desarrolladas sacan mejor partida y los poderes del congreso mueven sus influencias.
La región, advierte las amenazas actuales, adopta una Agenda Interna en un ejercicio desde afuera y desde arriba, toma decisiones coyunturales, enfatiza el corto plazo, olvida los desplazados, revalida el clientelismo, olvida las fronteras, desestima el conocimiento indígena, es indiferente frente a la influencia de los tratados sobre la biodiversidad; y se alista, gracias a nuevas normas, a la privatización del agua y la explotación irracional de los bosques. ¿Dónde está la respuesta endógena a la problemática regional?. ¿Carecemos de imaginación o padecemos de inercia intelectual?.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional.

El problema de la informalidad y todo lo que se deriva de este fenómeno, como empleo de mala calidad, deficiente cobertura del sistema de seguridad social de los trabajadores, ingresos por debajo del mínimo vital, jornadas largas, alta movilidad, entre otros aspectos, debe ser tratado de una manera integral, tanto en el análisis de la situación, como en el diseño de propuestas para intervenir. En una primera aproximación al problema podríamos achacar la causa a un desajuste severo entre la oferta educativa para el trabajo y las necesidades del aparato productivo regional. Esto involucraría el papel de la educación básica secundaría y media vocacional, la formación técnica y tecnológica y por supuesto la educación superior, ya sea del sector público o privado. Por alguna razón las instituciones presentan una oferta que no satisface plenamente las necesidades actuales del sector productivo y mucho menos permite plantear en el mediano y largo plazo un proceso de desarrollo local o regional con base en el aprovechamiento de los recursos existentes y las perspectivas actuales y futuras del mercado local, nacional o global. Puede que las carreras ofrecidas estén descontextualizadas o que realmente estén produciendo personas que no tienen un campo de acción explícito. El asunto también puede relacionarse con el modelo educativo establecido y el imaginario social, que privilegia la educación y formación profesional, orientando la demanda hacia este sector, estigmatizando a las carreras técnicas y catalogándolas de plano como de mala calidad o para el empleo subordinado y poco productivo. De otra parte, no existe total claridad sobre una estrategia de desarrollo que priorice algunas actividades económicas y que sería el referente para diseñar nuevos programas académicos. La Agenda Interna hace relación al querer nacional inmediato sobre nuestro futuro y no al futuro que deseamos construir con nuestros propios recursos. La implantación nacional de las nuevas tendencias de la educación superior en el mundo también puede ser un poco tortuosa, existen reparos de algunos sectores, que cuestionan la flexibilización curricular, acortamiento del ciclo educativo y un enfoque en extremo pragmático que contradice algunos aspectos relacionados con la calidad. Sin embargo, es claro que el papel de las instituciones educativas ha cambiado y ahora se les exige un papel más activo. La calidad es un concepto tomado de la teoría de la empresa y en el presente, se relaciona precisamente con la satisfacción del cliente. Las instituciones educativas eran contempladas como instrumentos prescindibles y no necesariamente útiles en una estrategia de desarrollo territorial. Ahora son fundamentales y se consideran no instrumentos, sino actores sobre los cuales se sustenta el desarrollo. La rapidez de los cambios y los constantes retos para las gobernanzas locales, hacen necesario contar con el conocimiento como factor importante y ante todo contar con un territorio organizado, como una especie región “inteligente”. Es lo que Sergio Boiser y Francisco Albuquerque quieren expresar cuando enfatizan en la posibilidad de responder y adaptarse de manera automática a las tendencias y retos que depara la globalización. Diseñar una estrategia que intervenga la problemática de la informalidad y el desempleo, requiere de la participación de las instituciones educativas, los gobiernos locales, el sector productivo y ante todo del planteamiento de objetivos de largo plazo que permitan orientaciones de carácter estructural y no meramente coyuntural.

Manuel Javier Fierro Patiño. MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano-Regional

Perdonaran ustedes la insistencia en este tema, pero no hay alternativa y sobre todo en la etapa final del proceso, cuando las dilataciones y el desgaste normal tras meses de discusión tiene un efecto adormecedor. Las declaraciones de nuestro Ministro de Agricultura en cuanto a la intervención con supuestos subsidios en sectores agrícolas que eventualmente salgan perjudicados con el desarrollo del TLC, es síntoma de que la intención es ceder ante las pretensiones norteamericanas respecto al arroz, sector avícola, maíz y soya, sectores que precisamente nos interesan en el nivel regional. Declaraciones de los grandes empresarios apoyando la firma del TLC y aceptando que en este tipo de negociaciones existirán ganadores y perdedores, confirma lo dicho por el Director Nacional de Planeación respecto a los resultados benéficos en términos generales, sin precisar que tan equitativos serán los supuestos beneficios. Aquí es donde debe preocuparnos los posibles efectos regionales y alejarnos del grupo de perdedores que eventualmente dejaría el TLC. Hace unos años el ICA y otros entes de investigación, lanzaron con bombos y platillos las variedades de arroz, soya y maíz que permitirían alcanzar mejores niveles de productividad en la extensa altillura, considerada por décadas improductiva. De inmediato las perspectivas agrícolas de la región cambiaron y sectores como el avícola mostraban excelentes resultados. Recientes investigaciones locales y experiencias logradas en Argentina, Brasil y Venezuela incentivaron la ejecución de proyectos en estos renglones, sin embargo, ahora se muestra un futuro no tan promisorio. El gobierno nacional promociona otras perspectivas como la palma, con discutibles efectos y hace un llamado a generar procesos de reconversión productiva y hacer apuestas, como si el asunto fuera de acertijos y aciertos. Las administraciones locales y algunos gremios regionales le están haciendo juego a esta estrategia y como resultado caminamos todos como la gallina ciega sin saber para donde coger. El asunto no es de ventajas comparativas o competitivas, es de manejo geopolítico y necesariamente se deben prender las alertas sobre la inequidad regional del proceso. Esto agudizaría los problemas de equidad social en las regiones supuestamente perdedoras. Hay que velar por mantener la diferenciación regional y hacer que se respete la producción nacional, que podría incluso sobrepasar los índices de rentabilidad de los productores americanos, si no se tienen en cuenta los subsidios a la producción y exportación que aplica el gobierno los Estados Unidos.

Manuel Javier Fierro Patiño.
MVZ. Esp. Gestión y Planificación del Desarrollo Regional.

El raponazo desmembrador de Panamá podría ser un simple rasguño frente al tamaño del despojo de la biodiversidad que se avecina, una vez se suscriba el tratado de libre comercio “TLC” con Estados Unidos. Si los antecedentes se repiten, de acuerdo con los tratados suscritos con otros países (Chile y Centroamérica), empresas de EEUU estarían en plena libertad de explotar la biodiversidad, patentar plantas, animales, procedimientos diagnósticos, terapéuticos y quirúrgicos con tal facilidad, que no sería nada raro ver a una comunidad indígena o empresa nacional sancionada, multada y conminada a indemnizar a una multinacional farmacéutica dueña de la patente, por el uso de yopo, la pusana, el kararudú o el chundú, entre otras preparaciones mágico medicinales; patentadas por algún gringo avivato, fruto de la investigación foránea en alguna comunidad indígena de nuestra región. Las consecuencias solo se verán en el futuro y ante esto es conveniente llamar la atención. Según afirmaciones de la comisión negociadora colombiana, conocidas en los medios de comunicación, la posición es defender el conocimiento tradicional, sin embargo, se menciona que dicho conocimiento podría igualmente ser protegido a través del sistema de patentes y derechos de propiedad intelectual. Sendo error. El sistema mencionado funciona bajo la lógica occidental y requiere de un sistematizado procedimiento científico. El conocimiento tradicional de nuestras comunidades indígenas tiene otra lógica, su transmisión no es escrita, es oral y se construye a través del tiempo. Además, tiene características sagradas y solamente puede ser utilizado por quien está preparado para ello, el Chamán, Curaca o Payé, según cada pueblo indígena. Sería difícil ver a un médico indígena tramitando una patente, recibiendo un Nobel de medicina o citando un artículo científico en una revista médica. La protección de este conocimiento es natural, simplemente es diferente y no puede ser patentado. Ojo colombianos, una vez despertamos sin Panamá, un día de estos despertamos sin biodiversidad.